Tengo la oportunidad, una vez más, de tratar de explicarle a alguien que quiere que se le explique, la razón por la que la ciencia, de mente abierta, acepta que la inexistencia de una prueba no es prueba de inexistencia. Es más ético aceptar que al no hallar pruebas de algo, le dejemos la ventana abierta al descubrimiento posible. Smooth plantea en "Arrugas en el tiempo" que no podemos negar la existencia de los "tabikubis" porque no hayamos podido encontrarlos, ya que podrían ser muy escasos en el universo. Genial que la ciencia no te niega nada, te permite abrir tu imaginación y postular lo que quieras. Tristemente el ejemplo con el que me llega el chico es que ayer los rayos eran magia y espíritus y hoy son ciencia. No, ayer eran distribuciones de cargas electrostáticas que acumuladas encontraban un camino polarizado a tierra. —No entremos en sprites o kugelblitz— y hoy también lo son. Ayer el miedo, el deseo de ser salvos, prosperar y tener un amo les hizo explicarlo con Zeus, Thor, Tiáloc, Indra, Changó y Xólotl. Lo que ayer fue creencia, hoy puede explicarse con la ciencia, con la observación, con la experimentación, con la ayuda de pares. Discúlpenme si me vuelvo poco ético, la ciencia mañana seguirá siendo ciencia aunque existan terraplanistas o ufólogos, frenólogos y programadores neurolingüistas. Mañana la tierra plana que ya ha sido descartada, seguirá estando descartada, al igual que fantasmas, dioses, brujas, escapularios, patas de conejo y abluciones con agua bendita. Si la ciencia mañana se encuentra un dios omnipotente y omnisapiente y omnipresente y puede explicarlo, habrá roto un pilar de la ciencia misma o tal vez varios que no pueden ser soslayados con el principio de incertidumbre y la superposición cuántica. Si mañana encontramos reales fantasmas que no pesan, no hieden, no sudan y no intercambian una de las formas de energía planteadas por la física estándar, lo que estaremos encontrando será básicamente nada, ergo, estaríamos yendo contra los principios mismos de la ciencia. Es fácil dejar el camino abierto, escúchenme bien: "No existen los extraterrestres" es una frase que coopta, que puede ser desmentida con algo tan sencillo como la ecuación de Drake o la afirmación de que existe un universo finito, pero para nuestros alcances infinito, con una casi infinita, por método de conteo, reserva de estrellas y de sistemas solares, qué obviamente, no hemos visitado. La ciencia prefiere decir: "no se ha descubierto vida extraterrestre" con lo que queda bien con todos. Yo no necesito quedar bien con nadie. No existe vida inteligente en las proximidades de nuestro sistema solar. Pueden teorizar que alguna luna de Saturno o algún satélite de Júpiter pueda albergar vida bajo su superficie, yo dudo bastante que "inteligente". Me queda por aclarar que no hay una buena definición de inteligencia y que acepto que pueda existir algún tipo de vida. Pero no una que haya descubierto las ondas de radio, el espectro electromagnético y los misiles interplanetarios, que de existir, ya nos habrían eliminado como ovejas negras del universo. La ciencia tiene retos: las ondas gravitacionales de las que tuvimos indicios en 2015 y el Bosón de Higgs, malamente llamada "partícula de dios" cuyas huellas aparecieron en 2012, las partículas de interacción débil WIMP y los axones, el bosón G que ha sido esquivo... La postulación de la materia y energía oscura como una hipótesis para explicar la curiosa aceleración que nos presentan las galaxias puede ser demostrada: una materia que no interactúa con la luz, que no intercambia nada pero ofrece masa. Vamos que no es un fantasma, al contrario es una entidad que explica algo, aunque los experimentos para demostrarla hayan sido infructuosos hasta hoy. Lo que aseguro es que cualquier intento por introducir fantasmas y dioses a la ciencia, equivale a darle un cuerpo teórico a dios y al fantasma con lo que se les destituye de sus poderes y de sus nombres: Un fantasma que pueda pesar y medir ya no es fantasma y un dios que deba cumplir leyes físicas deja de ser omnipotente y omnipresente. Puede que la ciencia continúe en descubrir y explicar muchos fenómenos, pero sin salirse de la ciencia misma. Ni más faltaba un fantasma capaz de ir contra las leyes de la termodinámica o un dios chapucero que despida rayos de sus manos desechando las hermosas ecuaciones de Maxwell y la ley de Gauss del campo eléctrico.
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