Tan sencillo como que me preguntan qué hubiese hecho yo si fuese Marco Polo y así, el mundo se hubiese quedado por descubrir y los pueblos de Asia sin narrar. Si hubiese sido yo Cristóbal, apenas si podría ponerme su apellido y las Américas estarían llenas de rozagantes nativos y con su riqueza intacta. Si hubiese sido yo Gengis Khan no me habría movido de Mongolia. Más simple, si me dieran a elegir entre la cruz y la salvación humana, puede la humanidad darse por perdida. No es posible contestar a tamaña pregunta porque los contextos históricos no lo permiten, las realidades difieren y las personalidades estremecen. Si yo hubiese sido alguno de los hermanos Wright, el avión seguiría siendo un mito. La pereza latinoamericana vive en mí y en algún solar andaría tomando chicha incapaz de pensar en el espíritu del vino ni en destilaciones fraccionadas. Seguiría usando el petróleo para calafatear y pensaría que es un inmundo líquido negro inútil. La verdadera y única pregunta que me hicieron es ¿Qué haría si fuese Sócrates? Abandonar Grecia, abandonar la filosofía o apurar la cicuta. No puedo contestar a eso. No soy Sócrates ni lo hubiese querido ser. Soy molesto, pero jamás creo que al nivel del viejo cacreco que a todos les decía que nada sabían y que él, sabiendo nada, era más sabio por aceptar no saber. No le discutiré a Feynman sobre partículas, ni a Messi sobre fútbol, a la Cicciolina sobre sexo o a Trumpis sobre éxito. Apenas me prometan suicidio asistido con cicuta buscaría la manera de escapar y hasta habría recibido con gusto la ayuda de las minas de Platón. Cuando me hubiesen dicho que debía abandonar la filosofía les respondería que nunca estuvo conmigo y que no creo en ella y que tranquilos se pueden sentar en ella con algo de vaselina. Sería un apóstata de la fe o abrazaría la fe impuesta con tal de conservar la miserable vida. ¿El exilio? No me parece un castigo, con gusto abandono a la Grecia y a la humanidad entera. No me interesan y sé que no valen la pena. Yo no estoy dispuesto a imponer mis ideas ni a tener alumnos peripatos. No me conmueve el mundo por dejarle algún legado y no he tenido alma de mártir. En otras palabras quisiera escribir que abandono Grecia, les dejo su filosofía y en el exilio me apuro el vaso de cicuta sin ser obligado por nadie y ahí les dejo su puto mundo. Pero no, el viejito tenía una personalidad narcisista, ¿Como no iba a apurar el vaso? ¿Cómo iba a recibir ayuda de Platón? ¿Cómo iba a aceptar que él no era el pragmatismo de la filosofía? Igual pasa conmigo que no tengo Daemonium, ni el más leve suspiro, ni la más remota duda de la inexistencia de esa alma insípida e incipiente. No tengo experiencias preternaturales. Discrepo del alma o cualquiera de sus formas. Si me piden abandonar mi casa por la fuerza, ahí se las dejo con todas mis cadenas. Si me piden dejar de escribir y cantar, entierro mi guitarra para siempre y si me piden tomar la cicuta, prefiero otras formas de la muerte, en la selva donde no existe la piedad, en el más completo silencio o en la absoluta soledad... igual dudo de tener el valor de autocesarme, como todos los que han escrito sobre el suicidio, soy incapaz de tal acto.
PS: Camille me ha hecho la pregunta y discrepa de la respuesta. ¿Quién soy yo para evitar que discrepe? Cuando le preguntaron al maestro cómo había alcanzado su longevidad, él respondió que no se enfrascaba en querellas con nadie. El alumno que preguntaba le increpó que no podía ser por eso y el maestro respondió: tienes razón, no es por eso.
PS 2: Se comprenderá que hubiese otros hermanos Wright, otro Colón, otro cristo, otro Khan que habrían dado al traste con la conquista de Asia, con el avión o con la salvación humana. Hay personajes que se recuerdan por algo y si ellos no hubiesen actuado, otros lo habrían hecho y se les recordaría por tal y allí estaría Camille preguntando ¿Qué harías si fueras Madame Bovary? para oírme responder como Flaubert "Yo soy Madame Bovary".
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