domingo, 5 de julio de 2026

El ciudadano promedio

 Cada que leo a un autor, dígase Vargas Vila, Camüs, Cioran o Baudelaire, sobre sus vidas privadas, me encuentro con que todos han tenido oportunidades que a mí no se me han presentado en la vida. Es justo. Yo no participé en la segunda guerra mundial, no fui expulsado de mi patria o excomulgado, no se me publicó con ansia y no me incluyeron entre los poetas malditos, por decir algo. Preciso es decir que al leer sobre las vidas de los escritores colombianos, me encuentro con que han compartido aula con otros tantos poetas y han ganado no sé cuantos premios y cuantas nominaciones al Óscar y a los Golden Globes. Se han apeado al pie de las pirámides en la misma región sagrada del Saqquara y han sido envenenados con las comidas de La India, han sido castigados por los sociopatas nocturnos cuando han amanecido en la calle misma del Bronx y se han untado del mundo fumándose unos chitrulos o cayendo en lo más bajo del mundo consumiendo hasta la muerte "perica". Conocieron al papa x, al ministro z y hasta se codearon en la primaria o el bachillerato con monstruos de la farándula, la vida política y las letras. Mi amigo Bob dice que departe con Héctor Abad Faciolince. Mi amigo Elkin jura que fue jefe de seguridad del innombrable y que él le advirtió algo fatídico sobre una amenaza que escuchó alguna noche en el Recinto Quirama de Rionegro. Jenny aparece en fotos con Evaristo Páramos; Beatriz aparece abrazada al Ubérrimo; Alejandro se toma unos tragos con Lemmy... Al Bob no lo conoce nadie, ni a Elkin, Beatriz, Jenny o Alejandro claro está. Puede ocurrir, cómo siempre, que esta gente predestinada a ser famosa tenga esos contactos. El escritor Mendoza jura que fue compañero del asesino de Pozzetto y que estudió con Laura Restrepo y Santiago Gamboa. También que en la vida se ha encontrado con desapariciones absolutas, gente que tenía futuro y termina en un frenopático o promesas de la investigación y la escritura que mueren de cáncer o fundidos en la droga. ¡Maldita sea mi suerte! Mis 28 compañeros del bachillerato han sido unos fracasados, incluyéndome: Claudia Zapata, Carolina Giraldo, Clara Puerta o Mónica arredondo ni putas famosas fueron. Carlos Arturo Ciro, Omar Vergara, Jaime Guarín o Jaime Ocampo ni redes sociales tienen para ver si por lo menos se casaron y tuvieron hijos. Yo no he salido de estas montañas que me aprisionan y cuando he visitado de forma relámpago algún país o ciudad de Colombia, no he visto u oído algo extraordinario que merezca ser comentado. No conozco ningún monumento clave: Las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, Machu Pichu o Teotihuacan. No he ido a Las Vegas, a Amsterdam a recorrer las famosas vitrinas del barrio rojo de De Wallen o a conocer las famosas bienvenidas tailandesas de las kathoey de Silom y Patpong. Es más, no he conocido un transexual en Colombia ni por asomo. Esas cosas pueden pasar, soy un individuo sin suerte y no he tenido muchas ganas de andar el mundo. Probablemente he estado en el lugar correcto a deshoras porque aquí donde vivo habitó Pablo Escobar que nunca vi ni de lejos o Álvaro Uribe que es que nunca lo he querido ver y hasta muchos me contaron haber visto a Fernando Vallejo en el parque de Bolivar buscando muchachitos. No, tampoco se me han acercado a pedirme el tafanario. Todo eso es normal, digamos que yo he sido poco seguidor de multitudes y cero fanático extremo que ni al Pibe, ni a Asprilla los he visto. Creo haber visto una vez a Leonel Álvarez en la universidad de Antioquia pero no lo reconocí hasta que alguien se le fue encima a pedirle un autógrafo: Leonel, Leonel, leonel... El colmo es que yo nunca me he encontrado con fantasmas, brujas, espantos o bultos. Mis familiares muertos no han desecho los pasos o yo perdí el oído y las ganas de ponerles atención desde que se murieron sin dárseles nada. No he visto ovnis, extraterrestres, fenómenos atmosféricos extraños, luces titilantes, platos volantes o criaturas desconocidas. Maldita sea, que no he sido maldecido por un hechicero y no he tenido que cargar manillitas de Ojo Turco o escapularios que me protejan del Malamen, ni amuletos para atraer la suerte o cristales de energía para mi protección.  Imaginen que, en verdad, conozco un montón de indigentes y gente en estado de calle que ya dizque no se dice desechables, porque vivo al pie del Bronx de Medellín, pero esos loquitos son todos iguales si me perdonan y no distingo a un escritor de un artista cuando los veo lanzar la cajita de fósforos para apostar. Soy un maldito ciudadano promedio sin nada que contar.