Hace unos días en Colombia se prohibieron las bolsas. La cosa empezó poniéndole un valor a la bolsa, un precio que había que pagar para poder usar la bolsa, que antes el almacén debía poner obligatoriamente. Los supermercados se hicieron un eco impresionante porque ahora por cada mercado se embolsillaban lo de las bolsas que el incauto comprador siempre olvidaba y para algunos el aumento por bolsas era considerado nimio. Si había un decreto estúpido para detener el uso de bolsas, no se me ocurriría uno peor: el ciudadano de a pie paga los platos rotos. Todavía quedaban sitios donde no te cobraban la bolsa y cada almacén de mediano renombre sacó bolsa reutilizable con su logo. Las casas se llenaron de tales bolsas porque, de nuevo, los usuarios se olvidaban de llevarlas al comprar y, de nuevo, el almacén llenaba sus arcas con la campaña tan favorable al medio ambiente y justificados de que sus acciones iban justo en ese pro. ¿Quién no guarda en su casa una buena cantidad de bolsas reutilizables que se le olvida reutilizar? Para el 2024 se prohibió completamente el uso de la bolsa a quienes compraban artículos, no al que los vendía, que la fruta, el pescado, la carne, los lácteos y otras confituras necesitaban ser empacadas para no convertir el costal del mercado en un lagar. Los rollos de bolsas desaparecieron de los anaqueles de las tiendas y el damnificado ciudadano debía mirar como empacaba el quesito sangrante o la fruta congelada. Los almacenes se limitaban a reproducir: "por decreto gubernamental no podemos dar bolsas". La bolsa misma cobró valor y los avivatos subieron su precio hasta en un 500% y afuera de tales almacenes y tiendas encontrabas quien te vendiera una bolsa de cargaderas por un módico precio. El almacén dejó de vender, pero los pequeños comerciantes encontraron su agosto. ¿Se dejaron de producir bolsas? No. Apenas se les impuso un veto completamente tonto que dejó al almacén con menos ventas porque los clientes se negaban a comprar los alimentos que supuraban y llenándose el bolsillo pero ya no a cuenta de bolsas y bolsitas. Cuando miramos el problema global nos damos cuenta de que el plástico es un cáncer, que existen mares de plástico y que los microplásticos llegan a nuestra alimentación hasta por la misma agua de servicio, que usamos innecesariamente el plástico para cada cosa inútil y que todo a nuestro alrededor está lleno de él. Compren en una tienda online y verán la cantidad de bolsas, miren cada empaque con tres y cuatro bolsas más para los tornillos y las piezas sueltas, los productos que se venden en empaque clamshell y las tapas de las tetrapack de cartón (que también contienen aluminio y plástico), el plástico de burbujas (film alveolar) como solución a la fragilidad, los millones de envases de PVC y de PET. La empresa de las gaseosas en colombia produce millones de cada tipo de bebidas al mes. En una sola línea en 24 horas pueden producirse la friolera de 120.000 bebidas y cada empresa cuenta con varias líneas de producción. Empaque detergentes, cremas, mejunjes, labiales, herramientas, jabones, jaboncitos, té... súmele pitillos, sixpack, bolsa termoencogible, vasos desechables, poliestireno para empacar almuerzos y bandejitas de fruta, cubiertos desechables, encendedores, cigarrillos electrónicos, cables y adaptadores de voltaje, la bolsita del perico y la marihuana... En resumen el problema no es solo de las bolsas y el gobierno ha hecho una defensa radical de que su trabajo en pro de la proliferación del plástico está hecho cuando asume al consumidor responsable único y cubridor del impuesto que quien sabe a dónde irá a parar. Mejor dicho de los siete tipos de plástico que inundan el mundo y que clasifica la SPI (Sociedad de la Industria del Plástico) el gobierno se ha encargado a lo sumo del plástico de baja densidad y no en concreto porque las bolsas siguen proliferando en las carnicerías, fruterías y almacenes de menudeo y en los puestos ambulantes se siguen vendiendo a precios elevados en las afueras de los almacenes, que el despistado ciudadano debe adquirir si no quiere andar a manos llenas en las seguras calles del país. La cosa va de ¿Es una solución prohibir las bolsas y gravarlas? ¿Bueno es que la responsabilidad recaiga en el ciudadano y el pago lo haga él? El gobierno se lava las manos, pero existen soluciones mejores, la incentivación al mejor uso de los plásticos, el llamado a las empresas que más contaminan a que busquen una solución al empacado de sus productos, el paso al plástico biodegradable que ya existe, la disminución de plástico en el empacado o en su cambio a nuevas tecnologías... pero no. El gobierno colombiano es pródigo en impuestos y cree siempre que tal soluciona. No veo raro que los inviten a un congreso mundial contra el hambre y el asesor colombiano proponga: gravemos al que le dé hambre.
PS: Llegaremos a esto inevitablemente: si va a vomitar en el bus, pague; si viene por un almuerzo para llevar, traiga coca; si quiere comprarme quesito, consiga bolsa; si va a llevar carne, traiga una bolsa reutilizable; Si quiere perico lléveselo puesto; ¿Café? no hay vasos desechables, traiga el suyo. ¿Volveremos a lo reutilizable cuando lavar el vaso de vidrio sea más malo que reciclar el plástico?