Nos encontramos ayer con un evento musical en pleno y debimos acompañar al público. Manolete empezó con aquello de que la sinceridad es un fiasco y recordamos la tripleta de Don José Saramago: "Las intermitencias de la muerte" donde pasa justo lo que el autor dice, la muerte deja de trabajar, aunque ya Tomás Carrasquilla le dio ese poder a Peralta de hacer abandonar su trabajo a la muerte. A ese libro, y no en ese orden, le siguió uno como de locura ciega en su "Ensayo sobre la lucidez" y termina, o empieza, no es importante. con "Ensayo sobre la ceguera". En los tres hay una ausencia y fue ello lo que me llevó a escribir "Ensayo sobre la risa y otros demonios", una novelilla sin más pretensiones que contar lo que pasa cuando un virus gelásico hace de las suyas. Recordado tal, es necesario contar cómo ha de ser un mundo donde la sinceridad se convierta en regla y nadie pueda escapar de ella. Obvio puede escribirse otra novela sobre ello, pero muerto aquel genio, no pretendo más que dar una pasada sobre tal virus que ha de repuntar en un barrio de pobres y desplazarse hacía los barrios ricos generando impacto y desconsuelo. Ya sabemos que la sinceridad es crueldad viva. ¿Quién volverá a visitarnos cuando les digamos a todos lo infelices que somos al ver llegar una visita que nos quitará toda la mañana y nos atrasará en nuestras lecturas? ¿Que chica podrá accedernos cuando les digamos lo que ya saben, qué queremos de ellas y que hasta luego? ¿Qué hombre soportará a otro hombre queriendo mostrarle el sinsentido de una dupla alfa? Aparecerán médicos diciéndoles infantiles a sus pacientes quejetas, promotores vomitando en sus artistas, niños abucheando payasos, cantineros pullando ebrios, meseros madreando clientes, patronos objetando sueldos, madres desheredando hijos, hijos castigando a sus padres, profesores insultando alumnos y persiguiendo infantes, chicos maldiciendo tutores... La sinceridad como plaga acabará con amistades de años, terminará matrimonios y alianzas, destruirá empleos, corromperá políticas, lacerará autoestimas, destapará crímenes y terminará bandas. Convertirá creyentes en ateos, ateos en cobardes, sumisos en atrevidos y atrevidos en personas normales. No puedo imaginarme un político jurando que va por tu dinero y por tu esclavitud y que lo que busca en el puesto es enriquecerse o contando las mil mentiras que tuvo que decir para acceder al puesto. Imagínense los presentadores de televisión diciéndoles a sus invitados mil verdades en vez de esas fórmulas de cortesía hipócritas que siempre usan y esos adjetivos grandilocuentes... definitivamente ya lo dijo el escritor maldito: "La hipocresía es el lazo que une a los hombres en sociedad, el día en que la franqueza impere nos hemos de destruir unos a otros como los soldados de Pathmos".
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