Andaba la pájara pinta sentada en su verde limón y desde allí escuchó una conversación sobre el empaquetado de regalos. Plomitsu juraba que nada sabía de tal arte pedido y Tablitsu, engreída, le repondía que su modelo de estética le permitía envolver regalos de manera sublime. Se llegó a la conclusión de que era un arte y no, no es un arte, es un oficio. Me quedé pensando en lo inútil que es envolver un regalo para que un otro trate de intuir qué le dieron y entrar en el juego y me dije que me debía una serie de conocimientos inútiles que empiezan por acá: Saber envolver regalos. Como siempre, habrá una absurda cantidad de personas objetando lo contrario y estarán en su pleno derecho. Para mí, envolver regalos es una práctica absurda, sin sentido y vana. En mi caso, si quiero sorprender, una bolsa me es más que suficiente, pero no me interesa sorprender: tenga le regalo y hasta luego. Combinar colores. La teoría básica de colores y los modelos RGB, CMYK me resulta interesante, pero el arte de mezclar colores en la ropa, de salir con el cinturón marrón con los zapatos marrones o el gorro azul con las calzas azules y todos sus amplios vericuetos para la moda, me parecen de una inutilidad bárbara. En el bajo mundo de la pobreza es lo que caiga y en el mío, dos colores, no son mezcla. Parece aquí claro, que en el mundo femenino saberse maquillar es una prioridad, incluso para las más redomadas defensoras de la igualdad y acérrimas enemigas del heteropatriarcado. Pintarse es un arte si se actúa de payaso o se es un actor consumado en el arte del shinobi no jutsu, por lo demás lo veo un arte inútil, superfluo y baladí. El arte en sí es inútil ya que busca despertar sensibilidad y transferir emociones: tener copias u originales de Degas, Rayo, Pollock, Velásquez, Pinto, Goya o Van Gogh y saberlas reconocer me equivale a tener el original del anticristo de Nietzsche. El libro vale por su contenido y no necesito un original que me eleve el espíritu más de lo que lo hace la copia impresa. Igualmente veo inútil el catar vinos o licores: qué me importa a mí su bouquet o su untuosidad, la fecha de fabricación o la cosecha... con que nos libere el espíritu es más que suficiente. Ahí cayó el barista profesional que hace un pinche café o variaciones de él y el bartender o barista de alcohol. Un pinche mezclero que vulgariza el trabajo de los destiladores que tratan de purificar el alcohol. Me quedo con el alcohol del 96, sin mezcla. Ascensoristas, alipilarius, bodeguistas, sobadores, reikistas, fengshuistas, acomodadores de coches, lubricadores, limpiaparabrisas, revisores de llantas con palo, equilibristas de semáforo, "artistas callejeros", críticos de arte, influencers reaccionadores (esos que proyectan el trabajo de otros y lo comentan). Toqueterapeutas, coachings, terapistas de parejas...
PS: ¿Se discute que algunos de estos artes dan de comer a sus detentores? No. ¿Cuál es su profesión? Acomodador de carros y con eso me gano la vida. A menos que los acomode uno sobre otro no le veo la gracia o la utilidad.
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