Por allá fui a leer yo el texto sobre conocimientos inútiles y me salieron con tremenda parrafada sobre mis falencias: "Claro si uno no tiene papilas gustativas todo café le da lo mismo", "claro si uno no tiene estética visual qué le importa cómo se viste", "claro si..." Cada tanto me toca aclarar que este medio de escritura es "de opinión" y que la opinión predominante es la mía. ¿No les gustó? Muérdanse el codo. Gustos exquisitos requieren sabores exquisitos y ropas exquisitas, perfumes exquisitos, vehículos exquisitos, lugares exquisitos... pero, ¿Son esos gustos exquisitos necesarios o solamente una imposición social? No amanecerá y aún veremos como elegimos lo que nuestra tribu, hoy ampliamente difundida, nos impone. La vestimenta es así y asá, te comes esto así y asá, te gusta esto porque a nosotros nos gusta y admiras esto porque la tribu lo admira. No veo al cerdo despreciando una buena comida porque esté podrida ni a un simio haciéndole mala cara a unos brotes tiernos que están un poco amargos o faltos de clorofila. Sigue siendo el gusto adquirido en la sociedad el que impone uniformidad y aceptación. ¿Sirve para algo detectar los ochocientos aromas del café o los enemil compuestos volátiles del licor? ¿Aparte del precio difiere significativamente la borrachera con alcohol antiséptico y el Macallan o el consumo de cerveza enlatada del almacén de cadena contra la Ámbar Especial? Yo prefiero saber distinguir un tornillo de rosca fina con su dureza y tamaño que envolver un regalo, prefiero tener conocimientos en soldaduras que en catadura de alimentos, necesito más resolver problemas de electricidad que reconocer que dos colores no combinan, no me interesa el arte, solo veo pintura que no me exige los sentidos ni me impacta, prefiero reconocer materiales por sus propiedades y composiciones... Los oficios de ascensorista, bodeguista y lubricador no requieren un especialista, son oficios, los puede ejecutar cualquier ser humano. Digamos, de nuevo que mis prioridades en el argot del conocimiento son manualidades, pero aguánteme don Sergio. Se le varó el vehículo, hubo un accidente, ocurrió un siniestro, tuvo un corto en su casa o debe reemplazar un tornillo. Los que están a su alrededor son catadores de vinos, de cafés y de comidas, expertos en arte: tasadores y eruditos en algún artista en concreto, diseñadores gráficos, ingenieros de título que nunca han manejado o diseñado ningún ingenio, malabaristas, habitantes de calle, expertos en Feng-shui y agoreros profesionales. Ahora sí, dígame cuales son las artes menos inútiles en estos casos. Yo veo la imprescindibilidad de alguien que conozca de primeros auxilios pero no de alguien que envuelva regalos. Veo la necesidad de un cazador pero no de un comensal que defina el arquetipo de carne y su punto en la hoguera. Creo en la necesidad del curtidor y su habilidad para convertir el cuero en vestimenta, el diseñador y el estilista de vestuario como el teñidor y el esteticista me resultan prescindibles. Un constructor es necesario, un ultimador de acabados es un exceso. Un ingeniero hábil es un regalo, uno teórico no aporta gran cosa a la práctica. Le voy a decir para qué sirve un influencer en un caso de la vida real... Dejemos así por hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario