Alejandro Power se comunicó conmigo para ver como era aquello de mis primeros pinitos en el rock y hasta pensó que podría incluir alguno de mis textos en una edición especial de la revista subterránea Visión Rockera, que se publicó por allá a mediados de los 80's y principios de los 90's y de la cual pensaban hacer uan edición especial en este 2026. Me halagó pensar que podría poner alguno de mis líbelos en aquella revista. La respuesta de los editores fue tranquila y me pedían que en media página contara como había vivido aquellos años en la evolución del rock que aún no termina y que sentí como un pelotazo y que adjuntara una foto, supongo que para imprimirla en esa media página. Le respondí a Alejandro: Alejandro. Te agradezco. No haré un artículo de media página para recordar cómo era el rock o como lo viví, de eso ya saqué libros enteros y no puede resumirse. Respeté a las chicas y respeto a Visión Rockera. Pienso que más fue tu entusiasmo que el de ellas y es válido completamente. Un abrazo y diles que con amor cierren la edición sin mí. Tampoco estoy interesado en ir a conocer el museo del rock. De nuevo un abrazo." Podría callarme y dejar así y nada tengo contra la revista o sus editores. Mi problema es que no escribo para halagar y esa historia la he contado en mis publicaciones. Claro es que la revista no trataba de una crítica social sino de las bandas nuevas, de entrevistas, de algún concierto, de bandas emergentes, de caricaturas afines al rock que se vivía en la época de los 80's donde nos miraban como bichos raros, de unas reuniones en la 101 que era el centro de acopio y la casa donde escuchábamos música en una grabadora, que no recuerdo ningún tornamesa o disco de acetato. Del inmenso parche en el atrio de la iglesia de La Asunción de donde fuimos expulsados por los fieles sicarios y por lo que tuvimos que ir a parar al centro de Medellín: Mi Estimado, El Rincón del Guasabro, La banca, El Parque del Periodista, La parte trasera del teatro Pablo Tobón Uribe, La Cámara de Comercio de Medellín... Las Ruinas detrás del museo de Pedro Nel Gómez, El Derrumbe arriba en el barrio Popular o en los bajos de una quebrada en Santa Cruz donde nos reuniamos más que a escuchar a rock, a consumir droga. Los K-nabis, Los Hongos, Los Mortikans, Los Magníficos, Los Kaitolés... No bandas, agrupaciones de jóvenes en torno a un sonido, tribus urbanas iguales a las de hoy de donde eventualmente saldrían muchas bandas musicales que le aportarían a la escena un jurgo de ideología y tendencia. Ideología de tribu y tendencia a la violencia y a la droga. Bástese unas doscientas páginas de "Diario de un Skin" para enterarse que no ha habido más que manipulación en el rock y en la juventud y que apenas si hemos servido como medio, que nuestras propias tendencias autodestructivas no nos dejan servir como fin. Claro, allá en ese texto la vida de España y acá cualquier visión es apenas un asomo donde para contar la verdad habría que herir a muchos que aún son grado 33 de la masonería rockera y para decir mentiras bástese los libros publicados hasta la fecha por rockeros incomprendidos que presentan el rock como una panacea, como un mesías que vino a salvar la juventud, como un enviado del infierno a remover vetustos cristianos... La verdad es otra y a nadie le interesa: El rock no cambió nada, acentuó lo existente y promovió más divisiones, la rebeldía se quedó en una centena de pacos de bareta, en miles de botellas de alcohol Alhelí con gaseosa o en El Chamber como cariñosamente le llamábamos al Tequila Smith Antioqueño y en unos miles de paquetes de perico y nos volvimos estrellas de barrio con el mismo afán de capitalizar la música en forma de disco o cassette, en forma de camiseta y pegatina, en forma de clase magistral e ideología. No Alejo, esta historia es muy larga y apesta a fracaso, no hubo triunfos, apenas pírricas victorias, no salimos indemnes quedamos cuadrapléjicos y con un ACV de por vida y para contarlo se necesitan varios tomos. Te agradezco la atención y vomito en la pertenencia al canon de rockero.
domingo, 23 de agosto de 2026
viernes, 7 de agosto de 2026
Conocimientos menos inútiles
Por allá fui a leer yo el texto sobre conocimientos inútiles y me salieron con tremenda parrafada sobre mis falencias: "Claro si uno no tiene papilas gustativas todo café le da lo mismo", "claro si uno no tiene estética visual qué le importa cómo se viste", "claro si..." Cada tanto me toca aclarar que este medio de escritura es "de opinión" y que la opinión predominante es la mía. ¿No les gustó? Muérdanse el codo. Gustos exquisitos requieren sabores exquisitos y ropas exquisitas, perfumes exquisitos, vehículos exquisitos, lugares exquisitos... pero, ¿Son esos gustos exquisitos necesarios o solamente una imposición social? No amanecerá y aún veremos como elegimos lo que nuestra tribu, hoy ampliamente difundida, nos impone. La vestimenta es así y asá, te comes esto así y asá, te gusta esto porque a nosotros nos gusta y admiras esto porque la tribu lo admira. No veo al cerdo despreciando una buena comida porque esté podrida ni a un simio haciéndole mala cara a unos brotes tiernos que están un poco amargos o faltos de clorofila. Sigue siendo el gusto adquirido en la sociedad el que impone uniformidad y aceptación. ¿Sirve para algo detectar los ochocientos aromas del café o los enemil compuestos volátiles del licor? ¿Aparte del precio difiere significativamente la borrachera con alcohol antiséptico y el Macallan o el consumo de cerveza enlatada del almacén de cadena contra la Ámbar Especial? Yo prefiero saber distinguir un tornillo de rosca fina con su dureza y tamaño que envolver un regalo, prefiero tener conocimientos en soldaduras que en catadura de alimentos, necesito más resolver problemas de electricidad que reconocer que dos colores no combinan, no me interesa el arte, solo veo pintura que no me exige los sentidos ni me impacta, prefiero reconocer materiales por sus propiedades y composiciones... Los oficios de ascensorista, bodeguista y lubricador no requieren un especialista, son oficios, los puede ejecutar cualquier ser humano. Digamos, de nuevo que mis prioridades en el argot del conocimiento son manualidades, pero aguánteme don Sergio. Se le varó el vehículo, hubo un accidente, ocurrió un siniestro, tuvo un corto en su casa o debe reemplazar un tornillo. Los que están a su alrededor son catadores de vinos, de cafés y de comidas, expertos en arte: tasadores y eruditos en algún artista en concreto, diseñadores gráficos, ingenieros de título que nunca han manejado o diseñado ningún ingenio, malabaristas, habitantes de calle, expertos en Feng-shui y agoreros profesionales. Ahora sí, dígame cuales son las artes menos inútiles en estos casos. Yo veo la imprescindibilidad de alguien que conozca de primeros auxilios pero no de alguien que envuelva regalos. Veo la necesidad de un cazador pero no de un comensal que defina el arquetipo de carne y su punto en la hoguera. Creo en la necesidad del curtidor y su habilidad para convertir el cuero en vestimenta, el diseñador y el estilista de vestuario como el teñidor y el esteticista me resultan prescindibles. Un constructor es necesario, un ultimador de acabados es un exceso. Un ingeniero hábil es un regalo, uno teórico no aporta gran cosa a la práctica. Le voy a decir para qué sirve un influencer en un caso de la vida real... Dejemos así por hoy.