miércoles, 28 de octubre de 2015

Disertaciones sobre la cosa

Esta mañana cuando llegué al colegio, había una cartelera que rezaba: "Una máquina no puede hacer una flor" y otra "Las mejores cosas de la vida no son cosas". Llámenme como quieran pero eso tan simple me impulso al teclado a disertar sobre la cosa, sobre esa que acabo de mencionar. Para empezar no es difícil definir cosa, pero usemos el diccionario: "palabra con que se designa todo aquello que existe o tiene entidad ya sea material o inmaterial, real o imaginario, concreto o abstracto (objetos, seres vivos, pensamientos, sensaciones, emociones, acciones, sucesos, etc.) y que puede ser concebido como una unidad independiente de otra; a menudo se usa en sustitución de una palabra que no se quiere decir o no se conoce" Cosa es pues todo y parte del todo, el sentimiento es una cosa y la sensación es una cosa, el asco es una cosa y las cosas son cosas, ocurren cosas y hay cosas que nunca pasan; a veces uno es cositero por repetir ciertas cosas y cositea hasta para tomarse un desayuno; mi nieta me pide "cusitas" y uno hace cositas por ahí que a veces le acarrean problemas; le quedan a uno faltando cosas por hacer y el resumen de lo hecho es que algunas cosas se hicieron. En artes de guerra planteaba yo que la cosa que se busca no es la cosa que se encuentra porque al final no estamos buscando una cosa y la cosa que se encuentra tampoco es cosa; cosito es el nombre genérico que usan muchas mujeres que no se acuerdan del nombre de una cosa o de una persona que también es cosa; coso es el masculino de cosa y a su vez es la arena taurómaca, a la que nos referimos como cosa por no saber que es coso. Cosas y cosos hay que decir en lenguaje incluyente para que no se perratee la cosa y las cositas no pongan problemas por aquello de la diferencia de género, que es la diferencia de cositas tanto de uno como de otro -cada uno tiene sus cositas- ahora,  coseamos por todo y nos enfrentamos a la cosa más grande como los cubanos y la cosa buscada, por regla general, nunca es la cosa hallada. Coser es un verbo y cocer también. Propongo el verbo cosear, que no reemplaza a ninguno de los dos pero que en general se puede usar: "cosiame la carne para que quede mejor" y "cositame la bota del pantalón". Cosa es un sustantivo útil y un verbo útil. La cosa es temible, hasta existe una película de terror con ese nombre y fiera ha de ser porque "me atacó una cosa" y resulta sencilla para explicarle al médico: "me dio una cosa" ambas son representaciones perfectamente validas; Y hasta se usa como un insulto: "este se cree mucha cosa" y "maldita cosa con ojos" y para dar a entender que nos vale un pepino "maldita sea la cosa". La cosa señores, que cosa, pero: ¿Qué cosas son tan buenas en la vida que no son cosas? y ¿Cuál de los distinguidos miembros del sacrosanto reino animal puede hacer una flor?

sábado, 24 de octubre de 2015

La moda universitaria

¡La moda mi señor! ¡La moda! que no se diga que hoy la gente no estudia, ni que estudia por moda, que rico un pueblo culto y lleno de saber y que sea capaz de alcanzar la mayoría de edad en ética y moral, que no se deje engañar y que elija bien si es que tiene que elegir. Lo que me trae al papel es la fiesta del engaño que se halan algunas "universidades" con las carreras que ofrecen. Convierten el aprendizaje en un niño mal criado y lo asaltan en su buena fe. No vayan a pensar en otra cosa, lo hacen por la captación de dinero y punto. Se inventan un nombre nicolo -quiero dejar este por maquiavelico- y lo ofrecen al incauto bachiller prometiéndole alta rentabilidad, salarios cómodos y futuro asegurado, fíjense en unos que me encontré por ahí buscando: Administración de la tecnología de la información, Direccionamiento estratégico, Procesos de exportación e importación, Salud ocupacional y riesgos profesionales, Calidad en desarrollo de software, Auxiliar en salud oral, Especialización en gerencia educativa, tecnología en gestión de redes y comunicaciones, Técnica profesional en instalaciones eléctricas para edificios, Toma de decisiones financieras, Normas internacionales de información financiera, Direccionamiento estratégico para la gestión de organizaciones. Suficiente ilustración. El alcance de los conocimientos debe fraccionarse para que un ser tan poco ilustrado y necio como el humano pueda acceder a él y hasta estaría de acuerdo con unas cuantas ingenierías, pero el ingeniero debe ser integral y hoy día existen unas ingenierías ridículas: Ingeniería Dendrocronológica; Ingeniería portuaria, ingeniería textil... Les falta una ingeniería de lo paranormal y para completar el círculo fantástico de la moda y la televisión una ingeniería criminalística, que no sobra decir, dichos programas, dispararon la oferta y la demanda de dichas carreras, que los pobrecitos ingenuos creen que son así de sencillas como en las películas de susodichos nombres. ¿Saben a qué me refiero? ¿Qué estúpida universidad no se aprovecharía de eso y montaría por demanda unas carreras con tanto prestigio y viabilidad y campo de acción. ¡Colombia es rica en crímenes y asesinatos! ¡A estudiar! Podemos inventar nuestras carreras del futuro: "experto en cambio de sockets de alumbrado público" "contratista dirigido a la subcontratación" "Animero de relaciones públicas con énfasis en desarrollo agroindustrial" "Abogado familiar de casos de derecho interdisciplinario para consanguinidad de segundo y tercer género... Para colmo hoy me encuentro con uno que es experto en computadores pero sólo sabe arreglar Macs; me encuentro con un experto en lavadoras que sólo realiza cambios de bombas; con un tío que arregla licuadoras pero la picadora y la batidora son demasiado complejas para él mismo... El fraccionamiento incontrolado de la información crea expertos y el experto no es un ser pensante, ya sabe a qué se enfrenta y las posibles soluciones y por tanto su conocimiento no crece, ni necesita esfuerzo. Espero que me hayan entendido, no estoy de acuerdo con esas vagamunderías de carreras que ofrecen hoy tan fragmentadas, yo soy ingeniero y puedo hacer cientos de procesos -no digo que todos- puedo realizar cientos de tareas simples, desde pegar unos ladrillos y crear una red eléctrica funcional, hasta crear las instalaciones de entrada y salida de ductos de aguas limpias y sucias. Desde diseñar y crear mis propios objetos hasta armar y mejorar los que otros diseñaron.  Puedo soldar, perforar, doblar. La mecánica, electricidad o química básica me son inherentes. No busco un químico farmaceuta en disoluciones para saber la cantidad de ácido de tal PPM que me neutraliza una base de tal PPM, ni para que me explique la manera de hacer una sustancia limpiadora con solución de cloro. No necesito un técnico en armado de muebles de cocina de madera contrachapada y prensada ni un especialista en junturas y uniones de cables eléctricos por soldadura de alta temperatura: Soy ingeniero, ingenio, creo, resuelvo, calculo, hago. No soy el ingeniero actual dirigido a las relaciones públicas y al manejo de personal tanto como a la administración. Soy soldado no militar y con esa frase robada de Biófilo concluyo mi histeria sobre las universidades que crean monstruos ineptos.

sábado, 17 de octubre de 2015

Lo simple de las cosas II

Y dizque soy un viejito gruñón, porque no me acomodo con las cosas de la humanidad. Yo sé que ella es así, que se deja seducir de cualquier ramera, con todo el respeto que me merecen las señoritas rameras, que se vende al mejor postor y piensa que lo hizo bien. Que vota, confirmando que se ha vendido a un partido o a la mismísima democracia, si es que tal cosa existe. Que se arrastra detrás del conformismo y a veces dice: "Ya basta..." "Es la hora..." "Ahora si..." y mentiras, nunca le llega la hora porque la revolución no es su juego, nunca se revela, ni se rebela más que para mostrarse y lucirse, que es lo que más afecta a la pobre humanidad: su afán palaciego de salir en la portada. Soy simple y no creo en la democracia donde se compran votos y todos los políticos han leído "La política" de Aristóteles para hacer justamente lo contrario que en ella reza; No creo en el socialismo que se convierte a capitalismo apenas se apodera de los medios de producción. Sé que muchos de los actuales potentados son delfines, pero vaya y verá lo que se le aparece de pronto, como decía mi tía Genoveva: "Una caranga resucitada mijo..." No creo en el comunismo donde el estado enriquece a dos o tres familias en nombre del mismo: para muestra Fidel y Kim. No creo en el anarquismo que predican mis amigos rockeros que son capaces de matar porque no les dieron la plata del pasaje, ni creo en el anarquismo que se hace matar y mata cuando alguien lanza una moneda al aire y sólo por atraparla; me quedo con mis dos vacas... No creo en la paz de los lobos y yo... soy hijo de un lobo... No me interesa que la humanidad despierte, que se queden así, porque soy tan simple que no quiero adherirme a nadie, y si la humanidad pensara, por no seguirlos, preferiría no hacerlo. Así de simple es mi odio de lo cotidiano y de los repetidores de la humanidad, los que se apegan a la biblia, los que se dicen ateos y se les ve la candidez cuando dicen: "Gracias a mi dios" o "si dios quiere"; los que leen el best seller, los que ven la serie de moda,  los hinchas salvajes, los que visten in, los que votan, los que hablan de política y defienden un candidato -no hay ninguno bueno, todos llenos de veneno y de ansias de poder- de seguro alguien les van a untar la mano o ya les lavaron el cerebro. No creo en lo hipócritas que somos todos, no creo en el fanatismo, aunque soy uno de la ciencia, de la observación y la experimentación: yo soy mi propio físico teórico y someto a toda teoría al escrutinio y la pongo en mí palestra antes de adoptarla y enseñarla... ¿me equivocaré? Sí, pero no me importa porque esos resultados y errores se vuelven a reciclar y evolucionan con los nuevos datos. Simple, si señores, bastante simple: la humanidad se rompe el coco para saber de donde viene y hacía donde va y busca explicaciones furtivas en seres de otros mundos y otras dimensiones que llama dioses: "La audacia del animal con razón" le llamo yo, maldito fanático de sí mismo; venimos de la tumba y hacia ella vamos y luego de esta vida no hay nada y no hay necesidad de saber si tenemos un fin en esta tierra porque no existe tal fin. Si alguno quiere creerse superior a la naturaleza, que se reserve el derecho de ser premiado o castigado después de pasar por esta vida, que lo haga, -yo lo abrogo- pero ¿tratar de usar esa audacia para embrutecer? Ahí está pintado el ser humano.

jueves, 15 de octubre de 2015

Lo simple de las cosas

Soy un ser humano simple, algunos preguntan que tan simple y yo no me atrevo sino a explicarme a mí mismo, que es la razón por la cual dejo estas memorias editadas en red y de seguro hasta publicadas piratamente como ha sido nuestra vida: pirata. Soy simple, no distingo más allá de tres colores básicos junto con el blanco y el negro; toda la demás gama me sobra: el azul perlado y el rojo Góngora, como el lila claro y el amarillo pardo; todos ellos me son indiferentes tanto en mi vestir como en mi trajinar. Puedo decir pues, que la pintura, si no es en modo alguno rebelde o interpretativa me deja sin pulso; los colores, las acuarelas, retratos y autorretratos, pintas y bodegones me parecen la cosa más simple del planeta: un artista de pintura no es más que un elemento que sabe pintar como otro sabe cantar u orar. Ningún artista ha provocado en mí más que la baba de aquel que por gracia desconoce el arte de la pintura y escultura y, el respeto por lo que hace; nunca un desmayo franquista por haber visto el grito, las demoiselles, las meninas o el discóbolo. Mi sentido del gusto es aún más simple: o las cosas están comestibles o no lo están; amargas, ácidas, dulces y cualesquier combinación me es inocua: buena o mala comida. Mi gusto no es muy exigente al igual que mi olfato que huele lo que le digan: ve salchicha y a eso le huele; mi cerebro tiene una plantilla de olores que ve y decide que olor asignarle, no es estricto, pero es útil, incluso tiende bastante a equivocarse y he confundido un jugo de guayaba con uno de mango. En mi caso es totalmente indiferente que líquido consuma mientras no sufra de sed. En cuanto a vestimenta si que soy simple, un pantalón grueso y una camisa o buzo de colores simples -por favor- las combinaciones, ajuares, adornos, orlas, manillas, decoraciones, estampados y demás me son indiferentes al nivel geométrico. Me basta con que tengan bolsillos para guardar lo que encuentre a mi paso. No necesito televisión, radio, celular, teléfono fijo o planes de minutos y datos; puedo vivir desconectado siempre, o de vez en cuando una conexión -pirata- me sirve para enterarme de una que otra cosa importante. Aseguro que puedo vivir alumbrado con velas, mientras el agua fluya hasta mis aposentos, no me hace falta nada más. -Por cierto que me encantaría dejar de aportarle a EPM y jamás tener que ver más con ellos, pero mi mundo aislado aún es un sueño- En cuanto a sentimientos soy igual de simple: el amor, el odio, el cariño, se viven mientras se tiene, si alguien se va, que le vaya muy bien; de seguro la tierra no se detendrá, aún dormiré, aún respiraré y aún la pasaré bien. Así que adiós mi amor que te vaya muy bien; los dramas humanos me son ajenos, no me arrodillo ante el dolor del mundo, miro desde una posición alta en la que la supervivencia manda y expreso que todos debemos morir, ya de hambre o asesinados; ya de orgullo o de humillación; juntos o revueltos, solos o acompañados...
En cuanto al sexo tampoco soy exigente o rencoroso, trato de dar y recibir placer y no ostentar títulos de propiedad sobre nadie ni imponerlos, ni solicitarlos, ni exponerlos, ni prender banderitas sobre tal o cual... cada uno se pertenece y ni siquiera los animales que han cohabitado conmigo han sido míos: "tengo un perro...tengo un zapato..." por ahí hay una tortuga que se cuida sola y a veces compartimos la comida como amigos. En música me basta con que no exista la estridencia, creo firmemente que si alguien puede repetir varias veces la misma sucesión de ruidos, está haciendo música. A mí me gusta la música que diga, con sentido, crítica, que taladre cerebros, que explique, que exija. Si son tres acordes o dos no me importa. El 99% de la humanidad no es capaz de realizar los vertiginosos acordes, quintas o punteos del metal y mucho menos entenderlos, así que no me cautivan -estoy en ese 99%- No concluyo, me queda tela por cortar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Crítica y anticrítica

En estos tiempos de vida simple y gustos simples podemos ver a quien disfruta y ataca a diferentes ecos de los que le rodean: "X... eso es una porquería" "Y, no es más malo porque no puede" y... También se oyen ecos estruendosos de críticos inmaduros "Bueno, a mí me gustó" "Excelente, lo haces muy bien, eres el mejor" y una larga lista que no me atrevo a mencionar... A mí que me digan lo que quieran; en este mundo hay una buena cantidad de maldad expresa; imbéciles que no saben cantar, actuar, o tocar un instrumento, que son halagados por la prensa y la radio y va uno a ver y preciso, es lo que los mass media nos quieren vender; no me atrevo a mencionar nombres, pero son bien conocidos, todo lo que suene en la radio, en la televisión y que le pongan un mensaje para descargar el último éxito de... por sólo unos cuantos pesos. Esos son malos, perversos, viven de y para el capitalismo -forma de robo, que se basa en obtener la máxima ganancia con el mínimo de esfuerzo- Sin decir que los que no aparecen en los medios sean mejores, diría que por lo menos no tratan de enriquecerse de los castos que envían los mensajes por descuento y pagan el payperview e incluso le gastan los 45.000 del CD o DVD. Eso sí, en el medio del rock es escaso que entre los amigos aparezcan 100 que nos compren el disco y apoyen pagando los 5000 de la entrada. Igual, yo no vine a hacer ludibrio, ni mofa. Cada cuál es cada quién y cada uno que haga lo que le plazca -a mi manera de ver, esto debe hacerse sin engañar al contertulio o próximo que llaman- Pero si me pregunto, si una banda que se sube al escenario merece que la miren y le aplaudan lo mínimo que haya hecho, porque ninguna banda se sube sin haber ensayado y sudado la gota gorda en el escenario, sin haberse extirpado el cerebro para dar de sí una composición con sentido; a esto hay que ensayar y buscar el instrumento y dedicarle tiempo a perfeccionar los punteos y hasta los acordes, a mejorar cada sesión para agradar y mostrar un contenido ameno, al gusto, para decir lo que cada cuál quiere decir, a su manera y llevando el mensaje a un otro. Porque nadie toca para sí mismo si está en un escenario, ni canta para sí mismo si anda vocalizando ante un público, ni escribe para sí mismo si anda bloggeando y contribuyendo al mundo de las letras cada tanto por tanto. Afino, el más desarrapado grupo, con la letra más inadaptada y con la voz más desafinada hay que valorarle que ensaya, que quieren y desean hacer algo. De ahí para más, aunque yo no sea crítico, si me toca contarle a más de uno como le oigo la voz o que le entiendo de lo que gruñe; si a me parece o no acorde el mensaje y la rimación o prosa y si tiene algún que otro error ortográfico que se le escapó en la construcción de la frase. Eso me toca a mí si alguien me pregunta por cosas puntuales, pero en general. Buena por esas personas que se atreven a desafiar el sistema gritando lo que no pueden y tocando lo que no afinan; Buena por los que a pesar de atranques, faltas de pagó y hasta, graciosa estafa. -Si alguien no te paga 200.000 de pasajes lo más seguro es que no le alcanzó, una estafa en mi opinión y gusto es por el orden de los millones- buena por los que no se rinden, pero que al tiempo no piensan que con su banda irán a formar parte de una lista de radio, porque esos, precisamente, son los malos.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Feliz cumpleaños

Yo nací en el seno de una familia moderadamente católica o solapadamente católica y claro, como a cualquier hijo de obrero me mandaban a la iglesia para que rezara y pidiera por el bienestar de todos y cada uno de los miembros de la familia. Supongo que se preocupaban por la salvación de mi alma y esperaban que al morir todos nos reuniésemos de nuevo en el cielo de los creyentes como una familia real, casta, santa y pura. He de suponer que muchos de ustedes saben que yo no iría a ese cielo de arrodillados, lamezuelas y pordioseros ni aunque por propósitos de ironía, un genio loco lo crease o me jugase la broma de hacerme creer en él. En mi familia los únicos días que se celebraban eran los de navidad o de pronto cuando mi padre conseguía un poco de dinero extra porque nos llevaba comida por montón, barras de salchichón cervecero con limón y lo repartía como si el mundo fuese a acabarse y no habían más celebraciones. No recuerdo que alguien me dijera feliz cumpleaños o feliz aniversario entre mis padres o feliz día del padre o de la madre. Supongo que la pobreza que habitaba nuestras entrañas era igual o peor que la que se diseminaba por nuestra casa, que ni era casa, ni era propia. Yo acepto en ese sentido que se le diga a alguien feliz día o feliz aniversario o suerte. Pero en serio. ¿Qué carajos celebras? ¿Un año más o uno menos? ¿El giro del planeta alrededor de su órbita, a partir de la fecha cumbre de tu nacimiento? ¿La feliz coincidencia de que las redes sociales te pidieron una fecha de nacimiento y se lo recuerdan a todos tus contactos y, por obligación y deferencia te envían un saludo de camaradería? ¿La real consecuencia lógica de tu vida? Si, celebremos, vengan mujeres a mi, licor y batatilla en polvo, quitémonos todos la ropa y ofrendemos a Baco y a Poro, aunque nuestros dioses tutelares sean Aporia y Penia. Brinquemos que unas canciones nos harán olvidar lo inmundo de esta inmundicia de mundo. Saltemos que con eso esquivamos el presupuesto nacional y el iva y la canasta familiar en alza y el ascenso vertiginoso del dólar y hasta los problemas fronterizos que, sean la culpa de unos y otros, siguen siendo problemas. Yo no veo que celebrar y por deferencia les aplico el agradecimiento y la molestia de haberme felicitado, pero no existen razones para una fiesta y la fiesta no puede estar llena de hipocresías, yo no celebro mi cumpleaños, ni la vuelta al mundo, ni la semana de pascua. No me resisto escribir sobre un día cualquiera, que no suma ni resta porque eso es lo que dice un papel que mi madre guarda: "nacido el 25 de ... del mes de ... del año del señor de... en la parroquia... se firma para... NO!!! Ese no soy yo, ni es ninguno de ustedes, yo soy lo que hago y lo que pienso y si lo que hago y pienso pudo tocar dos o tres almas hermanas que siguieron su camino y pensaron en más almas y caminos. Sea. Yo no soy mi día, felicítenme por mí trabajo; yo no soy ropa, felícitenme por mis canciones; yo no soy idiota, felicítenme por mi genio. No me feliciten un día y me abandonen 364, que yo no he dejado de ser y si dejo de ser felicitenme: he muerto y ya ninguna cosa me afecta. No me llamen porque los inquietó un mensaje en la red. Llaménme porque quieren escuchar de mi voz un saludo y una carcajada de hermanos. En fin, y no es me que me cansé de pensar, pero como dijo una vez ese viejo patético que fue el vendepatrias de F. González: "a mí que no me hagan estatuas, que me den el dinero en oro" pues a mí que no me hagan esculturas, que las felicitaciones me las den en licor, que si bien tampoco arregla nada, no me deja ponerme a pensar si quiero o no ayudar a arreglarlo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El poder de los libros

¿Quién puede negar que los libros son un modelo a seguir? ¿Qué la lectura nos hace fuertes y nos permite viajar sin movernos de nuestro hogar? ¿Quién, en su sano juicio, puede asegurar que leer libros es malo? Sin rayar en la exageración, un libro por tímido que sea te lleva a alguna parte y algo te enseña -incluso a no volver a leerlo- hasta una revista de historietas puede enseñarte algo, la entonación, los descansos, la cadencia; incluso por repetición y simple memoria la ortografía de muchas palabras. La duda no es razonable: si el niño lee, tiene salvación y hasta lo más preclaro es que su futuro esté asegurado. Bástese con citar palabras de Biófilo en elogio al libro y su asombroso poder: -quisiera acá tratar el problema de sus biógrafos y el de él mismo, pero dejemos comezón para otro día- que el libro, que desde Guttenberg, que la esperanza, que quien lee, que... ¿Se nos olvida que los actuales detentores del poder leyeron? pero no a Bakunin ni a Pedro José; No leyeron a Camüs ni a Sartre; No leyeron las aventuras de don Alonso Quijano; leyeron la biblia y apergaminaron de ella la crueldad divina y el amasijo de poder; leyeron de sus antepasados conquistadores y a eso se dedicaron; leyeron a Maquiavelo, pero sólo para ver cómo gobierna un príncipe y hacerse a la idea de que ellos lo son; leyeron a Tsun Tzu para dar cuenta de sus enemigos en batalla, pero dudo que utilicen la inteligencia del afamado guerrero sobre la mano desnuda; leyeron a Kiyosaki y a Chopra para conseguir prosélitos, ya había dicho yo que los libros de superación personal son un insulto a la personalidad. Los esbirros y asesinos del país, son gente lectora y saben leer, pero sólo lo que los conmueve y sus interpretaciones se separan de lo justo. No dudo que no hayan leído a Nietzsche, pero sólo vieron su súper hombre ávido de poder y no su cristo que se pudre entre rejas con los de su clase. Vieron al payaso pero no al volatinero que amenaza defenestrarse, no vieron al payaso triste sino a la función. De seguro leyeron a los filósofos, grandes y pequeños que también los hubo, pero su interpretación de "la política" de Aristóteles es un asco y la de su "ética nicomáquea" un insulto. Los libros, señores, también son verdugos, sé de personas que después de leer un libro se convierten a su fe y sólo ven después de eso lo que su fe les quiere mostrar y se aferran a sus creencias como un niño pequeño a su juguete nuevo. Sé de otros que han profanado bellos libros sólo para anatematizarlos como la lectura de los textos de V.V. -Similar a lo que ha pasado en la música por aquellos que oyen DK para decir que J.B. es un homosexual ávido de poder y que, literalmente "mata niños" [¿?]. Leer es un sistema de defensa personal, pero también debemos aprender a defendernos sin fanatismos, de pasar los conocimientos por el cedazo de la razón o de la locura cómo a cada cual le parezca. Leer nos permite librarnos del tirano, pero en un descuido podemos terminar adoptando uno más salvaje. Leer nos permite viajar sin movernos, pero ese viaje que tiene el valor del libro no tiene el riesgo y las emociones de uno real. Leer nos permite vivir informados, pero ¿qué información es la que te llega? ¿quién te informa? ¿qué verdad es la que te dicen? Leer es una forma grata de pasar el tiempo y de instruirse, de aprender nuevas palabras así sean ancianas, de ejercitar nuestra mente y de mantenerse lúcido, pero ¿qué hay de sus contrapartes? No porque hayan lecturas vanas, porque las haya malas o fanáticas, falsas y poco cuerdas o razonables. El peligro de la lectura no está en lo que lees, sino en tu cabeza, en la manera de pensar que alguien te enseñó o te impuso, te invito a pensar. Asimismo ocurre con la música hay de ella para pensar y para volverte fanático, a mí no me conmueve sino la que habla de revolución, sin importarme quién se rebele -si me pisan me quejo- y la que filosofa del ser -Y nunca seguí el rebaño porque ni el pastor ni el amo...- yo no voy a preguntar cual quieren seguir y si hacen algo no lo hagan por otros, háganlo por ustedes. La masa siempre me ha aterrado.